jueves, 24 de octubre de 2013

La Fiesta de Los Recuerdos

El anciano revisaba en su mente las páginas de la memoria que no había mojado el mar de la vejez. Recuerdos nítidos y preciosos, después de que el tiempo pusiera en la hoguera los de angustia y sufrimiento.

Sentado en su sillón orejero, sólo le acompañaban en ese soleado salón las motas de polvo que planeaban en el aire. Estaba vestido como siempre, para una ocasión especial y el sonido de las olas en la cercana orilla le marcaban el paso del tiempo en la silenciosa casa. Valoraba en ese ambiente la soledad que él había elegido.

Esta carta empieza en el preciso momento en el que recordó una etapa concreta de su vida, en el mismo minuto que la intensidad de las vivencias le hizo llenarse el pecho de orgullo para que inmediatamente después, una salada gota se deslizase por su arrugada mejilla. Se sentía orgulloso por la vida que decidió llevar, de nunca haber bajado los brazos y haber tenido siempre la misma convicción en sus posibilidades.

Recordó la cita que algún amigo le dijo hace ya varias décadas "somos el resultado de nuestras propias decisiones". La saboreaba como si fuese la muestra de su propio triunfo.

Recordó las incontables manos tendidas, que le aparecieron en el camino para levantarlo o darle un empujón hacia adelante. Siempre se sintió afortunado de tener esas manos, aunque nunca se paró a pensar que eran el resultado de lo que él llevaba dentro.

Contempló las diapositivas mentales de su primer cumpleaños lejos de casa, donde sintió que ya no estaba sólo como en aquel vuelo transoceánico.

Las lágrimas silenciosas pasaron a un feliz llanto mudo. Le gustaba recordar el cariño de Su Gente como a un niño el beso de su madre. En ese preciso momento de felicidad, y con una sonrisa en la boca, el rastro de lágrima en sus arrugas y los ojos cerrados, su cuerpo descansó para siempre.

...poco después, la gente pudo ver a través de las ventanas que estaba cayendo una llovizna de minúsculas flores amarillas. Cayeron toda la noche sobre el pueblo en una tormenta silenciosa, y cubrieron los techos y atascaron las puertas, y sofocaron a los animales que durmieron a la intemperie. Tantas flores cayeron del cielo, que las calles amanecieron tapizadas de una colcha compacta, y tuvieron que despejarlas con palas y rastrillos para que pudiera pasar el entierro.

El cariño de Su Gente que comentaba anteriormente, superó todo lo que el anciano pudo llegar a imaginarse. Cientos de personas acudieron donde vivía para despedirse. Fue una bella despedida donde se compartieron vivencias comunes e historias que sólo fueron contadas por el difunto hasta ese momento. Se vieron a amigos que abrazaron con respeto y admiración a los otros de los que él tanto hablaba. Éstos cantaban y tocaban con guitarras canciones en donde las olas marcaban los coros.

Mientras estas personas hacían una fiesta al amor y a la amistad, en alguna lejana playa, se estaba celebrando la bienvenida del anciano y en donde abrazaba emocionado a todos esos seres queridos que fue perdiendo en la vida, para después sentarse en su sillón orejero y pasar con ellos la noche y el día recordando historias preciosas.

domingo, 7 de julio de 2013

Carta a mi padre


Esta carta aunque no es un deber, debió de haber sido escrita hace un tiempo. Daría no sé cuántos años de mi vida porque pudieras estar en Cádiz y pudieses ver como tu hijo ha evolucionado, madurado y crecido, como afronta retos y como se envalentona ante las adeversidades. Ni siquiera sé como reaccionarías ante todos estos cambios, aunque algo me dice que lo harías con orgullo.

Bueno, esto es contarte lo que me imagino que de alguna forma ya sabrás. Recuerdo los momentos difíciles en la carrera. Especialmente aquella vez que te presentaste en Madrid al día siguiente con un scanner debajo del brazo para tu hijo. Fuiste para darme apoyo, para que no abandonase mis estudios… ¡ay papá! Te lo agradezco tanto… y con esto no quiero decir que sea lo único que te agradezca. De hecho son infinitos características de mi personalidad que te debo agradecer por cuestiones genéticas aunque esas no tienen tanto mérito como aquellas que me inculcaste. Te vas a reir, pero eso de no saber algo y buscarlo inmediatamente, te lo debo a ti. Es la mente inquieta, de querer saber cada vez más y atesorar conocimientos, de no quedarse con la duda de nada. Desde que te fuiste, han cambiado muchas las cosas, pero como digo, esto sería como contarte lo que ya sabes. En ese caso, puede que esta carta la escriba más por mí que por ti.
En julio de 2004, fuiste tú el que le abrió la puerta cuando apareció por Cádiz por primera vez y por sorpresa. Fue con esa chica con la que pretendí empezar una vida en Málaga, trabajando en una constructora pequeña. Esos años fueron los más duro, tu ausencia fue un castigo para mí, hasta el punto que los primeros meses, recurría al móvil marcando tu número para pedirte consejo y ayuda. Pero ya era el momento, tal vez demasiado precoz, en el que tenía que responder yo con las soluciones a mis propias problemas. Como sabes, aunque fui feliz durante la mayor parte del tiempo, “aquella vida” se acabó. No por eso, me debo de arrepentir. Puedo decir que viví en el barrio más bonito de Málaga en una casa preciosa y con una chica que me quería. Pero… digamos que se apagó la llama. En un vuelo de San Francisco, sin poder dormir y ya consciente de lo que me esperaba al aterrizar, esbocé un esquema de las posibilidades que tenía. En realidad no tenía mucha opción, tenía trabajo y la crisis inmobiliaria ya llevaba dos años haciendo estragos en puestos trabajo como el mío. Era momento de aguantar.

Me trasladé a unas calles más abajo, a vivir con un italiano que no conocía, en una casa donde había además dos dormitorios donde entraban y salían guiris cada ciertas semanas. Pude empezar a experimentar lo que me faltó por tantos años de relación y a esa edad. Conocí otras chicas, salí por la noche, y disfruté además de conversaciones con personas de distintas partes del mundo. En ese verano, nació tu segundo nieto, Felipe. Un “cabra loca” pero muy divertido. Eso puede que sea lo que más pena me da, que no pudieras conocerlo ni a él ni a mis futuros hijos. De todas formas, puedes estar tranquilo, a Arantxa y a mí nos queda la preciosa tarea de contarle quién fue su abuelo. Sé que nunca fuiste muy futbolero pero sí te interesaba como quedaba “la roja”. Pues precisamente una semana después de que naciese Felipe, España ganaba el mundial, además de forma épica: marcando en el último minuto de la segunda prórroga.


Bueno, unos meses después de todo ésto se acabó el trabajo y me mudé a Madrid a estudiar un máster. Me fui a vivir con Víctor al barrio de La Latina, exactamente a la calle Humilladero. Era un barrio que no tardó mucho tiempo en cosiderarlo como mío. Igual te duele que me considere tan de Cádiz como del barrio de La Latina, pero lo que crecí y aprendí ahí, se puede asemejar en importancia a Cádiz.

Después hubo una pequeña época oscura, en la que trabajaba mucho y ganaba poco, además en un entorno de ánimo decadente. La crisis cada vez era más fuerte y a mi sector lo afectó como al que más. Seguía siendo momento de tragar y aguantar. Hasta que lo bueno llegó. En cuestión de semanas me convirtí en el hombre más feliz del mundo. Me contrataron para un bonito trabajo y con un buen sueldo, me sentía feliz y realizado, creía que completo; aunque pronto me daría cuenta que tardaría unas semanas más en conocer la felicidad máxima. Pero todavía faltan cambios por contarte.

Ya te estarás dando cuenta que mi vida, es una historia de maletas y vivir en distintas casas.

Apenas un año más tarde, tu hijo volaba con una maleta a Santiago de Chile en busca de lo que no había en Madrid para él. Tenía mucho miedo en ese avión por lo que me iba a encontrar. Pero me busqué la vida papá, aprendí a quedar con gente aunque no me apeteciese y a venderme a desconocidos. Ahora, me encuentro en Temuco (una ciudad a 600km al sur de Santiago) trabajando de gerente de una constructora y con mucha ilusión. Por contrato y tal y como pedí, en unos meses trabajaré desde Santiago.

Estés donde estés, puedes presumir con orgullo de que tu hijo es un buscavidas, y que nunca se ha dado por vencido. Pero eso, ya lo sabes porque seguro que me lo enseñaste tú hace tiempo.

Mi Sol

Acabo de decidir que le voy a poner nombre a mi guitarra. Se llamará Sol. Por varias razones, la más aburrida de ellas es por la clave de Sol; por otro lado es el acorde cuyo sonido más bonito me resulta. La otra, y la más importante razón, es que ilumina mi casa. Además, creo que es sano, mantener esa bonita palabra en mi vocabulario a pesar de la lluvia y la niebla. Sol.

domingo, 16 de junio de 2013

Tu Única Decisión Importante

No hagas planes. Podrás sentirte tranquilo porque en la vida las decisiones importantes no las tendrás que tomar tú. Será la vida quien las tome por ti, o el destino, como quieras llamarlo. Si esto te frustra, confórmate con tus circunstancias, es decir, con tu casa, su decoración, el modelo de coche entre los pocos que están en tu presupuesto, o tu viaje de vacaciones. Pero prácticamente el resto, vendrá sólo. Como si se tratase de un señor de chaqueta y corbata que llama al timbre de tu puerta un día cualquiera mientras haces la cena, y después de presentarse te explicará lo que ocurrirá y lo que tendrás que hacer. Apenas tendrás tiempo para meditarlo, para hacerte la idea. La decisión ya está tomada.

Como te digo, esto ocurrirá con los cambios más importantes de tu vida. En ti está que sepas manejarlos, que te adaptes de la mejor manera posible y que lo lleves con naturalidad. En ese caso dirán de ti que eres un tipo fuerte que aguantas lo que se te eche. Un machote.

Pero esto no acaba aquí. Hay un importante matiz, y es que esto ocurre siempre con el presente y el futuro a corto plazo. Lo divertida está en que el futuro a largo plazo, lo podrás manejar. Es la regla encargada de que te creas el dueño y señor de tu vida. Y en cierto modo es así, pero sólo será un privilegio de unos pocos. Imagínate que tienes que llevar el mando de un Boeing 787. esa dificultad será liviana si tienes decisión, convicción y no te temblará el pulso a la hora de cambiar de rumbo. Pero sólo podrás variarlo unos grados, de lo contrario se irá tu vida a la mierda. Recuerda que eres un pringao al mando de un avión de serias dimensiones.

Dicho esto, tienes dos opciones. Sentarte en el sofá, ponerte cómodo y hacer zapping mientras se van presentando en tu puerta cada cierto tiempo señores de chaqueta y corbata explicándote como actuarás ante los acontecimientos que se avecinan o por otro lado, podrás analizar la situación, preguntarte a donde vas y a donde quieres ir, y si te lo crees, serás capaz de empezar a variar ese rumbo de tu Boeing 787. Ésta será la única decisión importante que podrás hacer.

sábado, 15 de junio de 2013

Podría pasar un día cualquiera

Nunca fue su problema. De hecho, sentía tanta frialdad sobre el asunto que hacía de él su trabajo, sin ninguna vocación. Prácticamente como una distracción y un sustento económico.

Tampoco mentiría si dijese que era su vida, sí, lo era. Pero no tanto como la de aquellas familias que tenían que levantarse y acostarse todos los días con esa enfermedad.

Era un día cualquiera, un 23 de noviembre de 2013 cuando casi de forma fortuita y aleatoria, en un control rutinario apareció la fórmula protéica que explicaba la conexión de los sistemas neuronales y que significaría mejorar la calidad de vida a niveles exponenciales de millones de personas. La solución. En ese momento, ya después de que llevase su corazón latiendo durante dos minutos mientras terminaba de verificar los datos, se quitó las gafas y más que nunca dejo la vista en el infinito mientras meditaba nerviosamente en lo que eso significaría. Se le erizaron los pelos cuando fue consciente que era él único en ese mismo momento que conocía la solución. Tuvieron que pasar horas para que se le pasase por la cabeza lo que le reportaría a nivel económico y de prestigio a su persona. Pero sí se paró a pensar enseguida en todos esos enfermos y familiares. Concretamente en esa señora que le visitó hace apenas diez días, que seguía cuidando de su hijo de 43 años y al que le respondía con una voz neutra y tranquila que a mamá no se le pega, mientras retiraba sus manos de su cuello. Irremediablemente perdió el control de sus sentimientos, y comenzó a llorar desconsoladamente pensando en esta mujer y en la de muchos otros enfermos y familiares. También se acordó de Matilde, una mujer de su misma edad que había conseguido adaptarse a la sociedad (y gracias a su tío marino) recogiendo las bandejas de comida en la cafetería de la Escuela de Ingenieros Navales. Se tuvo que llevar la bata a la cara para secarse las mejillas, al no parar de llorar como si acabase de ver lo más trágico, como por ejemplo, si presenciase el atropello de su compañero de verdad, su perro Robin. Pero no. Era todo lo contrario, en este mundo cada vez más decadente y carente de ética (como se acababa de sentir él hasta hace unos minutos) acababa de aclararse el cielo entrando un rayo de sol sobre esa sala, un poco de luz en forma de felicidad. Esta vez, como si de una enfermedad infectocontagiosa, él iba a transmitir esa alegría por todo el planeta.

Juan Roi, psiquiatra de 39 años, que nunca tuvo que sufrir ese mal, acababa de descubrir la cura al autismo.

viernes, 31 de mayo de 2013

Mi Acto Psicomágico

Esta es una carta que a diferencia del resto, no tengo muy claro a quien va dirigido. Incluso, puedo ser que hasta yo sea el destinatario; y va a tratar de las dudas, la pena y la frustración, pero también hablará de ilusión, esperanza y ESFUERZO (sí con mayúsculas). Ya sé, va dirigida a la vida en general:

Vamos a cambiar, o mejor dicho vas a cambiar ahora mismo de actuar como lo estabas haciendo últimamente. Hasta aquí hemos llegado. ¿Cómo? que ¿por qué? Porque me lo merezco, porque he trabajado duro y ya son horas de que dejes de joderme. Todo bueno cuanto me das, parece que lo haces para luego quitármelo. Y sobre todo porque aquí, decido yo. Me refiero a que ya hemos llegado con esta actitud, con la tuya. Te ordeno, gastando mi frasco entero de karma, positivismo, buen rollo y buena onda (como dicen en este lado del planeta), que ceses en este empeño de joderme. Sí sí, para ya.

Te voy a decir lo que vamos a hacer ahora. Me voy a desprender de todo la negatividad y malos pensamientos que por tú culpa tengo en mi cabeza. Fuiste tú el que poco a poco, mediante tropiezos me has ido metiendo en la cabeza. Como digo, me voy a desprender de todo eso y te lo vas a comer con patatas. Así es, tú te vas a comer tu puta ración de mierda, además lo vas a hacer con palillos de madera. Para que te cueste más. Y yo estaré, enfrente riéndome de la cara que pones al tener que tragarte todo lo negro y oscuro con lo que has ido anulando mi sonrisa, mis ojos vidriosos y mis tonterías que de vez en cuando solía decir o hacer.

No hemos terminado, a partir de este momento, voy a hacer lo que me de la gana, y lo mejor de todo, va a ser todo como yo digo. Hace un tiempo tenía una flor en el culo y quiero que vuelva al mismo lugar. Y no me refiero a limosnas como ir al Museo Nacional un día cualquiera y resulta que es el único de la semana que es gratuito.

Como recordaba Jose Luis Sampedro, “en mi hambre mando yo”. No quiero tus limosnas. Ahora soy yo el que tiene el poder, el mando, el timón del buen rollo y de las grandes momentos que me esperan, todos van a salir a pedir de boca, y me refiero a pedir de mi boca, y no de la tuya ya llena de caca.

Lo primero que vas a hacer es que me salga trabajo, pero no un trabajo cualquiera, sino uno que me merezca y que esté a mi altura, que me guste y que por supuesto esté bien remunerado. Vuelvo a lo mismo, que esté a mi altura, payaso. Quiero dejar claro, que puedo esperar, porque la espera no será amarga como hasta ahora. Todo lo contrario. Grabarás a fuego en mi cerebro que tengo que aprovechar ahora el infinito tiempo libre que después, con el trabajo que tú me vas a dar, no tendré. Así que se acabó la mierda de esa de quedarme en casa por las tardes, por si me envían un correo alguien de recursos humanos. Se espera a que termine de hacer todo lo que se me ocurra en la calle.

Si es necesario, méteme en la cabeza un puto chip que haga que sonría cuando mis comisuras comienzan a descender o lo que se te ocurra. Pero no me cansaré de repetir, ¡que basta ya! Estoy harto de la puta crisis, del desempleo y de ver penas en el periódico, en internet y en la tele. De que la gente hable de ello a cada momento. Creo que venirme al otro lado del planeta será suficiente para que eso no ocurra. Recuerda: buena onda.

Antes, cuando me encontraba sólo de viaje en un país, hablaba con las piedras, o mejor dicho, me hablaban hasta las piedras. No me conformo con que no haya desaparecido, es que quiero eso por diez. Ahora es cuando lo necesito, y si antes lo tenía, ahora quiero más y más. Sigue comiendo.

Mira chaval, dentro de una hora he quedado en casa de unos amigos para tomar unas copas y charlar de lo humano y lo divino. Vas a empezar por ahí, vas a hacer que no me sienta que estoy de más, estaré siempre inmerso en la conversación y no pararemos de reir a carcajadas.

Espero que cuando me levante de esta silla, tenga molestias al caminar y sea por la flor que ya me has puesto en el culo.

Hasta luego pringao. O mejor dicho, hasta nunca.

miércoles, 27 de febrero de 2013

¿y tú en qué eres inteligente?

¿No lo sabías? Pues si no lo sabes tú, no lo sabrá otra mucha gente... ¡Atención! ¡Activen las alarmas en todo el planeta! Eres bueno en algo. Hay algo querido lector que se te da a las mil maravillas, aceptalo como tu arma, es tu inteligencia.

Muchos dirán y habrán aceptado erróneamente que no valen para nada, que son mediocres, y que se tienen que conformar con lo que tienen, y eso, queridos desconocidos, es triste, sobre todo porque no es verdad, y están desaprovechando su vida, malgastando sus horas en una oficina con luz blanca y fría.

Hay quién conquistó países utilizando su inteligencia, hay quién inventó teorías físicas y matemáticas con su inteligencia, HAY quién gano Copas del Mundo de algún deporte con su inteligencia; y todos ellos, igual de listos, pero con distintas inteligencias. ¿Cuántas? Hasta el momento se resumen en ocho.

La inteligencia lingüística proporciona la capacidad para saber entender las palabras en la lectura, la escritura y, también, para hablar y escuchar, es decir hablar y escribir eficazmente. William Shakespeare o Hitler.

Pero hay quienes no sabe leer "Cien Años de Soledad" e inventa fórmulas financieras o teorías de cálculo de estructuras metálicas utilizando su inteligencia lógica-matemática. Albert Einstein o Stephen Hawking.

En cambio, persona que tiene inteligencia espacial, combinando ciertas habilidades específicas podría acabar siendo el mejor arquitecto del mundo, un artista que cree estilo o un publicista responsable de ingresos multimillonarios en una marca de bebida gaseosa. Picasso o Cristóbal Colón.

Sin embargo, hay quien posee un tesoro para los oídos del resto, y es la inteligencia musical, hay ciertas áreas del cerebro que desempeñan papeles importantes en la percepción y la producción musical. Éstas, situadas por lo general en el hemisferio derecho, no están localizadas con claridad como sucede con el lenguaje. Ray Charles o John Lennon.

Por otro lado está la inteligencia corporal cinestésica, responsable de los mejores regates capaces de levantar a una nación del sillón saltando de alegría. Es la capacidad de usar el propio cuerpo con gran precisión, como Michael Jordan o Charles Chaplin.


Pero a continuación viene mi favorita, y es la interpersonal. No es necesario mucha explicación, basta con decir que es la responsable de saber llegar a los sentimientos del que tiene enfrente. Sirve para trabajar con gente, ayudar a las personas a identificar y superar problemas. Un buen ejemplo de esta inteligencia es Martin Luther King u Oprah Winfrey.

En contraposición (si se me permite) está la intrapersonal, es decir, de alguna manera sería la interpersonal pero con uno mismo. Permite el acceso a la propia vida emocional, la capacidad de efectuar discriminaciones entre ciertas emociones y, finalmente, ponerles un nombre y recurrir a ellas como medio de interpretar y orientar la propia conducta. Como Sigmund Freud o Platón.

Está el caso de Muhatma Gandhi, quien combina tanto la intrapersonal como la interpersonal.

Tan peculiar como la musical, está la naturalista, la última de todas y posterior a "Las Siete Inteligencias de Gardner". Su campo de observación más afín es el mundo natural, donde pueden reconocer flora, fauna y utilizar productivamente sus habilidades en actividades de caza, ciencias biológicas y conservación de la naturaleza. El más claro ejemplo es Charles Darwin.

martes, 29 de enero de 2013

Mis tejados

La paz que transmiten los tejados soleados en una tarde de enero me llegan al alma; asomado en mi terraza acompañado de una relajante música de acordeón y con un muy de fondo sonido de la calle me apaciguan el interior. Interior alborotado en las últimas semanas y que se tranquiliza con el resplandor de las tejas cerámicas y el humo que lentamente sale de algunas de las chimeneas de mi vista. No hace falta acudir con los ojos a los lejanos pinos y picos de montaña nevados para descansar. Me basta con ésto, con los tejados y las ventanas de los edificios más cercanos. Una señora tiende no muy lejos de mi terraza y busca con la cabeza de dónde viene esa música, la mía. Ya está, ya me encontró, y disimuladamente gira la cabeza haciendo como que no me ha visto volviendo torpemente al deber de tender la ropa mojada. Nunca me había fijado en los cotidianos acontecimientos que se muestran ante mi terraza. Sentado en mi terraza, con una taza de café humeante disfruto de estas vistas tan típicas, tan de barrio. Un chico acaba de sacar sus zapatillas de fútbol a la ventana. En el otro lado, un señor me sigue con su taza de café, saca un cigarro y se apoya en la pared soleada de su terraza para cerrar los ojos y echar un suspiro. Un día duro parece. Pero esto no es todo, el parque, o mejor dicho, los parques urbanos tan cercanos me ofrecen un aire algo más puro de lo normal, aire fresco y aderezado con olor a chimenea que te hace sentir como en la mismísima sierra. A veces, basta con contemplar algo así desde tu casa para poder sentirte único en el mundo. Solo hay que ver más allá de tus narices para darte cuenta y hoy, yo lo he hecho.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Mapas

Mi cerebro delinea mapas con infinitas plumas que se me escapan diseñando el mayor pangea de la felicidad. Recuerdos, situaciones, momentos, sensaciones experiencias. Pasión, histeria, suerte, mérito. Estoy en la cúspide de una curva de la felicidad que no hace más que seguir subiendo y alcanzando cotas que ya superan el vértigo que pudiese dar a cualquier otro ser. No me hace dudar ni siquiera pensar en que pasaría si cayese, sé que seguirá subiendo. Lo tengo atado.

Me quiero como soy ahora, me amo así, no quiero más. O sí. Quiero más de este veneno, de esta droga que me lleva a sueños que se escapan más allá de la fantasía y acaban siendo cumplidos. Lloro con el alma de alegría. A quién corresponda, gracias de todo corazón.

jueves, 19 de enero de 2012

De todo se aprende


Tengo un cuchillo y es de plástico, dónde solía haber metal...

Y de repente lo veo todo como si fuera una película. Digamos que están echando mi vida por mis televisivos ojos.
Después de haber salido tarde del trabajo, y de charlar con una compañera justo donde se separan nuestros caminos, de mi deprimido estado de ánimo en el trabajo, después, después de todo eso, llego a mi silenciosa casa, recojo la ropa tendida, y una vez más, me siento, con cero ganas, a buscar ofertas de empleo, aplico a un par de ellas... y la verdad es que apenas las he leido.

Entonces es cuando mi visión se separa de mi cuerpo y se va hacia arriba, y me veo desde arriba con un estado meláncolico mientras el jodido orden aleatorio de itunes escoge la canción que más me puede recordar a mi ex. Justo esa canción que me teletransporta a una casa soleada y fresca de Málaga, dónde por la ventana entraba el olor del salitre del mar, dónde la casa en sí estaba perfectamente amueblada, decorada y ordenada. Dónde siempre había una botella de vino descorchada en la cocina y algo para picar.

Y ahora, ahora es cuando me veo, más viejo, más sabio, más cauto, más tolerante... hasta más risueño, pero más pobre. Es cierto eso de que de todo se aprende. Yo doy fé, sabiendo que cuando se acabe esta estapa tendré en mí, todo lo necesario para ser mucho más sabio, mucho más cauto, mucho más tolerante... y mucho más feliz si cabe; porque la edad viene y pasa sola.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Justo lo que necesitaba oir (o pensar)


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Estuvieron más de 5 horas hablando, solo paraban para reir, dar un trago a las cervezas o una calada a los cigarros. Después de tantos años sin apenas saber uno del otro, repasaron todos los temas: trabajos, mujeres, viajes, borracheras, nuevos amigos, finales de fútbol, etc, etc.; ahora descansaban soltando frases sueltas de vez en cuando que no necesitaban respuestas como "qué recuerdos todo esto"...

Después de todo esto echaron hacia atrás los cuerpos y usaron por primera vez en toda la noche los respaldos de las butacas, cuando a Leonardo se le ocurrió preguntar "¿eres feliz?". Salvador sopló suavemente con la nariz como riendo, y estuvo callado durante medio minuto...

- ...la pregunta. Sí o no supongo que debe de ser la respuesta.
- Bueno, yo la entiendo así.
- Si te digo que no lo sé, es igual que un no?
- Para mí sí, aunque puede ser que todavía no hayas entendido que hasta la persona más feliz del mundo es infeliz al menos un par de veces en la vida.

Leonardo, le coge el cigarro que le tiende su amigo y le da una profunda calada, llevándole tiempo terminar de sacar el humo por la nariz.

- Creo que ahora valoro lo que tengo, aunque sea menos que antes, y lo valoro muy positivamente. Como "la felicidad está en la antesala de la felicidad"... sí, soy feliz porque ya no recuerdo porqué estaba esperando.

Leonardo inclina la cabeza para hacerle una suave reverencia con la cabeza, le sonríe y con los dedos de las manos simula ser un director de orquesta que termina de cerrar la mejor sinfonía jamás escuchada.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Todo me parecerá bonito


Era domingo lluvioso, y en una cafetería con un marcado toque parisino, las tazas de chocolate humeante cortaban las miradas. Ella tardó en quitarse el gorro, supongo que porque le quedaba bastante bien, pegaba mucho con el estilo de la cafetería.

- Cuéntame algo personal- le pide Sol con esa dulce mirada.
- Algo personal... ummm... no sé, así a bote pronto...
- Ains... cualquier cosa, a ver qué querías ser cuando eras pequeño.

Silvio, sonríe como si se hubiera anotado un punto en con la futura respuesta. Él no quería ser astronauta como todos los niños, ni jugador de fútbol.

- Yo de pequeño quería ser inventor- responde orgulloso y decidido.
- ¡jajajaja! ¡pero qué bueno Silvio! ¿en serio? ¿inventaste algo?
- Bueno... la verdad es que era muy pequeño, pero mis juguetes preferidos eran las cajas de cartón, unas tijeras y un rollo de cuerda. Me divertía preparando escenarios para los muñecos que luego no usaría.

- ¡jajajaja!- Sol se muestra entregada a la curiosidad de Sivio.- ¿entonces no inventaste nada? ¿ni siquiera empezaste algo?

Silvio la mira de un modo seductor y con una sonrisa le responde "Bueno, empecé a inventar mi propia personalidad".

- Pues me parece el invento más bonito que he conocido, más que la propia música.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Yo no juego


Jorge Salado no para de reir, apenas para un segundo entre carcajada y carcajada para limpiarse con la manga de la chaqueta las lágrimas. Enfrente su entrevistador no da crédito a lo que está presenciando. Las paredes de la sala de reuniones, preparadas para el aislamiento acústico no pueden evitar callar la risotada, traspasándolas al exterior con un toque de subwoofer.

- Perdone, pero no entiendo que le causa tanta risa...

Ya jadeando del cansancio de la risa, Jorge se afloja el nudo de la corbata, respira hondo, se seca las lágrimas mira durante un instante a los ojos de su interlocutor, se pone de pie y antes de salir por la puerta volviéndose a anudar la corbata, responde: no gracias.

jueves, 25 de agosto de 2011

El Negocio del Siglo


Tumbado en su cama, medio aburrido, tiraba su pelota de tenis hacia arriba para volver a cogerla al siguiente segundo; mientras, sonaba de fondo "Misread" de "Kings of Convenience". Se aislaba del mundo pensando en cosas, nada en concreto, hasta que de repente... aparecieron en su mente una serie de hilos que unieron unos pensamientos: IDEA BRILLANTE.

Jorge abría los ojos hasta ya no poder más... se le dilataban las pupilas, su corazón se aceleró hasta 150 pulsaciones por minuto. Sus ojos, todavia en el infinito empezaron a moverse de un lado a otro mientras se incorporaba en la cama. Empezo a esbozar una incrédula sonrisa hasta que soltó una carcajada de lo más adentro de su alma.

"He decidido ayudar al mundo. ¿Cómo? Con un negocio de por medio, mis clientes serán personas que quieran ser felices, o también, a modo de regalo, hacer felices a terceras personas. Se estudiaría cada caso individualmente, de forma detallada y distinta del resto. Contarán su vida, hablarán de las personas de su entorno, relatarán sus problemas, sus posibles soluciones si lo creen conveniente... y yo, Jorge Arcadio Buendía, les haré felices, poniéndoles los medios para que sean felices. Sólo cobraré el 7% de todo lo que me den para yo poder hacerles felices.

En los casos, se harán viajes, cambios de residencia, estudios de cursos, carreras e idiomas, cenas románticas, búsqueda de artículos de colección, contrataciones de niñeras, emplead@s de la limpieza, destrucciones de televisores, meetings de viejos amigos, ejercer de terapeuta, afiliaciones a ONG's... Hacer feliz a la gente que no lo es, y quiere serlo, yo les ayudaré".

lunes, 15 de agosto de 2011

Nota: amor


Un señor camina por la calle intentando recordar el quinto ingrediente que le encargó su hija para hacerles una tarta a su madre enferma, y de repente algo cambia, sus pupilas se dilatan y siente cosquilleos en el estómago, está justo delante de un coche aparcado, para el resto de viandantes es un coche cualquiera, alguno pensará que es una chatarra, pero para él no, es el primer coche que tuvo, comprado con sus ahorros.

Comprueba la matrícula... ¡que sí que sí!... ¡es él! Los ojos se les ponen vidriosos, se emociona y piensa "¡cuántos momentos felices se me vienen a la mente!" Se tira la mano al pecho y saca del bolsillo de la camisa un bolígrafo, seguidamente se mete torpemente las manos en los bolsillos del pantalón reclamando un papel, encuentra uno que por un lado tiene unas notas y por otro está en blanco: perfecto.

"Éste fue mi primer coche. Por favor, cuídelo"


PD: El papel, por un lado una nota que reclama amor, y por el otro, los ingredientes de una tarta para una enferma, a la que le dará mucho amor.