domingo, 16 de noviembre de 2008

Llegadas


Estoy convencido de que alguna vez, habéis estado esperando a un familiar o un amigo en la área de llegadas del aeropuerto. Yo ya llevo unas cuantas, y la última vez me paré a mirar al resto de las personas y me detuve a examinar con mi mirada disimulada pero a la vez curiosa, los encuentros con los recién llegados. La verdad es que hay de todo, desde encuentros alegres y felices como es natural, a otros que son cuanto menos tristes o distantes. Sean como sean, nunca dejan de ser intensos, ya que significan mucho.
Es curioso, pero casi se pueden leer en sus caras la inquietud que representa la reacción que presentará la otra persona, seguramente se pregunten "¿le doy la mano?" y si es así ¿le doy un beso o dos?", "¿qué pensará si lo primero que hago es abrazarle?", "¿ esa sonrisa es de complicidad o simplemente una sonrisa?", muchas veces existe una inseguridad que seguramente se haya iniciado tras la larga espera, pero que no se va hasta que hayan transcurrido varios minutos tras el encuentro.

Estos encuentros que digo que me paro a examinar me provocan una sensación... extraña, como cuando te encuentras un zapato tirado en la calle, intentas averiguar qué hay detrás de eso.
Y ya no son los encuentros, también esas personas solitarias que por motivos de trabajo o porque no tienen a nadie que les haya podido recoger, vagan entre la gente, seguro que pensando lo bueno que sería que apareciese alguien que esté ahi por él y les ofrezca un abrazo, ahí sí que uno no dudaría.


Esto no es un abrazo, pero por lo menos una carta de complicidad a aquellos que se sienten solos en los aeropuertos.