miércoles, 15 de julio de 2009

La vida es una historia interminable (y la imaginación)


¿Habéis visto alguno "El Curioso Caso de Benjamin Button"? Yo sí, y tiene una secuencia (no sé si está bien dicho) que es de las mejores que he visto. Hace un estudio de todas las cosas insignificantes que acaban provocando un hecho importante. Tampoco quiero dar muchos detalles porque habrá quién no la haya visto y quiera descubrirla por sí misma.
Un ejemplo de lo que cuenta es algo así como si yo dijese que Jorge (persona ficticia) perdio un metro porque se le olvido el móvil en caso y tuvo que coger uno más tarde donde conocería a la que se convertiría en la mujer de su vida.
Lo he reducido mucho, porque en la peli relata una serie de circunstancias (al menos cinco) que provocan un situación, fruto total de la casualidad.


Por cierto, ¿alguno cree en la casualidad? ¿y en el destino? Hace muchos años leí en "El Mundo de Sofía" una reflexión sobre la casualidad, enumeraba hechos fortuitos que justificaban nuestra existencia por la casualidad (por ejemplo) de que todos nuestros antepasados no sufrieron ninguna enfermedad mortal o murieron en una guerra antes de tener un descendiente que con el paso de generaciones (fruto también de la casualidad) provocarían nuestra existencia. A mí me gusta pensar en los hechos frutos de la casualidad que provocaron que mi padre invitase por primera vez a mi madre, ¿y si ese día mi padre hubiera estado enfermo, o se hubiese demorado más de la cuenta tomando una cerveza con un amigo? Pues igual hubiese provocado que yo no naciese, y por tanto vosotros no estuvieses leyendome, y por tanto estaríais haciendo otras cosas como aprendiendo a entender a una persona, o pensando en como ayudar a una amiga, que de lograrlo ella lo celebraría con una fiesta en la que os invitaría y conoceríais a vuestra alma gemela... Se me va la imaginación.

Acabo diciendo que a mí me parece algo no solo bonito, sino divertido. Si es que al final las cosas son "sí porque sí, y ya está".

viernes, 10 de julio de 2009

Ahora mismo


Esta entrada no tiene otro fin que relatar el momento que me engloba.
Hace un par de semanas comenté que me quedé sin televisor ( se estropeó) y ahora tengo uno prestado, y la verdad es que las noches vividas con mi "no televisor" me han debido de enganchar porque desde que he llegado de Madrid aún no lo he encendido. Escucho mi música y eso me llena, tanto que cuando hay silencio, mi cabeza no deja de deleiltarme con estribillos pegadizos.
Una botella de vino hace que el momento pase de ser bueno a muy bueno, y una pizza hecha por mi a "noche única con uno mismo".
Canto canciones de Vetusta Morla, Zahara y Ximena Sariñana, mientras se enfría una cuña de pizza en una mano, y en la otra mantengo una copa de vino que baila el culillo de vino con mi suave baile.
Soy una persona que siempre necesita estar rodeado de gente, de tener alguien a quien contarle anécdotas estúpidas o hacerle preguntas de la vida y lo cotidiano. Pero ahora mismo, me encuentro solo, y para estar agusto no necesito a nadie.

Lo mejor de todo (y esto lo digo mientras suena de fondo los Beatles) es que me da la impresión de que soy feliz, y digo "creo" porque no hay nada que me haga sentir lo contrario, permitidme que borre lo anterior... lo mejor de todo es que soy feliz y me encantaría que todo aquel que lea esto sienta lo mismo.

jueves, 2 de julio de 2009

Mi chaise loungue


En mi salón hay una chaise lounge y a mí me gusta estar ahí, mejor dicho aquí. Está adherida al sofá, y hoy me he dado cuenta que siempre que me voy a sentar o tumbar ha de ser en ella, si me despisto, me levanto y me tumbo en la chaise lounge.

Hace un momento tuve un momento perfecto, lo que definió hace unos dias mi amiga blogera Kariz como una flow experience, literalmente lo explicó como "momentos en los que te encuentras total y absolutamente absorbid@ por una actividad, olvidándote de todo lo demás, incluido tú mism@". Fue escuchando la canción "Copenhague" de Vetusta Morla. Cuando estaba acabando la canción me di cuenta de que no estaba en el chaise loungue, y pensé "¡tengo que tumbarme en ella y ponerla otra vez!". Pero entendí que yo disfruté ese momento sentado como una persona normal, en forma de cuatro, y no habia nada malo en ello, y que pude saborear ese momento como si tuviera un bombón derritiéndose en mi boca.
Me estoy malacostumbrando a necesitar cosas banales, que no tienen ninguna importancia, y a considerarlas casi vitales. ¡¿Por qué tengo que necesitar estar tumbado en la chaise lounge para estar bien?! ¡Me niego!

Por eso, cuando llevaba media entrada escrita, tomé conciencia de lo que escribía y me recoloqué en una silla de madera. Buenas noches.