miércoles, 12 de agosto de 2009

¡Sí! ¡Eso es lo que quiero!... ¿o no?


Yo tampoco sé que quiero en mi vida. Y digo "tampoco" porque el raro es al que le ha salido bien la jugada desde el principio, la jugada de saber que quieres ser en la vida, prepararte para ello y conseguirlo. Algo que suena tan básico, y que mucha gente (yo el number one) cree que tiene en su poder y que se esfuma al ver un anuncio en la televisión, leer una hoja de un libro o al escuchar una conversación ajena en una terraza en una noche de verano, eso es, de repente ¡boom!, te ves vistiéndote una mañana para ir a trabajar con una motivación rotundamente cero, o te ves viviendo en una ciudad que sabes que no es tu sitio y que no lo será nunca... llega un momento que dices ¡ya!, y... o bien tienes un buen plan que has debido de estar rumiando durante meses o incluso años (rollo preso preparando la fuga) o te la jugas al todo por el todo. Sabes que lo suyo es buscar tu hueco en el mundo, tu felicidad de 24 horas y no unas pocas al día. Yo ni siquiera sé si esto es lo mío, tal vez tenga que darle tiempo. Ojalá tuviera las ideas tan claras como cuando era chico, que quería ser paleontólogo para buscar dinosaurios, eso sí que es una vocación.

Bueno, me han venido bien estos últimos 20 minutos del trabajo para escribir esto, ahora creo que lo mejor será una cervecita en una terracita.

¿Y tú? ¿También te estás sintiendo rara?

martes, 4 de agosto de 2009

En Paz con La Tierra

Ahora, que está atardeciendo, me encantaría estar en un trocito de tierra en mitad del océano, tumbarme en la orilla y contemplar la puesta de Sol. Estoy convencido, que a lo largo de la historia de la humanidad ha existido alguna civilización ya olvidada, en la que se disfrutaba de éste momento del día tan mágico.

Hay playas, como en Ibiza o Cádiz (mi tierra), donde la gente se reúne para disfrutar de una puesta de sol mientras se bebe por ejemplo un mojito. Concretamente, en la playa de El Palmar en Cádiz, la gente que apura los últimos rayos de sol se mezcla con los que ya han ido a su casa para cambiarse de ropa y vuelven con bebidas y comida para disfrutar del festival que ofrece el Sol todos los días a esta hora. Allí, en cuanto empieza el atardecer comienza una fiesta todos los días improvida en la que intervienen hasta los niños, la gente aplaude, canta y toca algunos intrumentos mientras se mira sonriente, al haber descubierto un momento mágico, olvidado por el estress del día a día, protagonizado por el Sol y el horizonte del mar.
Presenciar y vivir eso es increíble, es como... si el hombre hubiera hecho las paces con La Tierra.