miércoles, 24 de marzo de 2010

¿Viaje como terapia o terapia como viaje?


Falta poco para que me vaya de viaje. De hecho mañana cojo el primer vuelo a Londres, donde pasaré la noche en casa de Rodri. A la mañana siguiente cojamos el vuelo 285 de British Airways con destino a San Francisco. Pretendo que este viaje sea como una sanación para mis heridas, no es que me esté muriendo, pero como todo el mundo, tengo cosas que arreglar en mi vida. Que me sirva para pensar en mí, en qué quiero de la vida, y en como ser un poco más feliz.
Me voy con Rodrigo, amigo desde que yo recuerdo (él también llevará sus problemas en la mochila para saber como afrontarlos). Todo empezó hace un mes y medio cuando mandé un sms a una serie de personas informando de que tenía pensado irme de viaje a Nueva York sólo, y que si alguno se apuntaba, perfecto, que si no, me iba tan tranquilamente sólo. Me respondió con una llamada diciendo algo así "me parece de put... madre, pero yo ya estuve el año pasado, ¿qué te parece San Francisco", "mejor todavía" fue mi respuesta. No tenemos nada organizado, y me gusta que así sea, que el viaje salga sólo, que fluya. Que no sea con una programación de horas por día. Eso es para relajarse, sólo para conocer sitios. No quiere decir que yo renuncie a eso, todo lo contrario, pero no es mi prioridad absoluta.
Como comenté en una entrada he descubierto el CouchSurfing, y he hecho uso de él: he mandado mails para quedar a tomar algo a personas que residen allí, desde un director de cine hasta una azafata de Hawaii. Conocer nuevas gentes, su cultura y sitios me pone nervioso (en el buen sentido).
Ya quiero estar bajándome del avión allí. Veremos como sale esta terapia porque yo como paciente, estoy impaciente por probarla.

martes, 2 de marzo de 2010

El Principito a brochazos


El Principito es bueno. Le gusta su planeta, aunque a veces le gusta estar en otros para conocerlos, saber qué se siente y como relacionarse con sus habitantes. Hay ocasiones, en las que se agobia, se siente oprimido por cualquier cosa y salta un Principito temperamental y en excepciones agresivo, como Carol de "Donde Viven Los Monstruos".
Si ve en las noticias dolor y sufrimiento como el del Tsunami de Indonesia en el 2004 o terremotos como el de Chile se entristece tanto que a veces se le ponen los ojos vidriosos, y hace un enorme esfuerzo por aguantar las lágrimas en los ojos y evitar que caigan; cuando está solo le da igual llorar. A su hermana le ocurre lo mismo.
Disfruta con muchas cosas: cuando está con Bea (hace un tiempo que sus planetas se han unido); con la compañia de sus amigos del ALMA o de su familia; también comiendo (le gusta el queso como a los ratones y el chocolate); pasa las horas muertas jugando con "sus muñequitos" (Pro Evolution Soccer).
Hace un tiempo que siente un poco de soledad (por un par de pérdidas), pero parece ser que poco a poco lo está pasando.
Sabe que hay cosas que tiene que cambiar, como aspectos de su visión del mundo, que no son del todo positivas para su planeta. Tiene muy arraigado el sentido de la obligación, pero ya últimamente está aprendiendo a elegir si merece o no la pena.
Tiene que cuidar lo que tiene, que no es poco. Para eso ha encontrado una regadera, que como el Principito original, le sirve para regar su rosa.
Le encanta recibir personas que pertenecen a otros lugares, enseñarle su planeta, y que ellos le cuenten en primera persona como es el suyo propio.
No le cae bien las personas que presumen de incultura. Le molesta la gente que no sabe de la vida, que no quiere aprender, y que se cree que lo único que han visto sus ojos es lo mejor.
Aunque por lo general, no le gusta estar sólo, hay veces en que completa su "barrita de felicidad" de la mano de la música (si es con una copa de vino mejor) o simplemente leyendo un libro.
Se encuentra como en el juego de Twister, con un pie en la madurez, otro en la juventud, y una mano en la niñez. Sin saber en muchas ocasiones donde hacer el mayor apoyo para levantarse.
El teatro le divierte, le distrae buscar la forma de pensar de un personaje ficticio, y darle vida. Aunque hace un tiempo que ha cambiado su sentido del humor, lo sigue teniendo muy bueno y sabe hacer reir. Antes sacaba risas de una piedra. Tiempo al tiempo, todo vuelve a su cauce. Le gusta recordar cuando en una ocasión hizo reir a un teatro entero con una improvisación en el primer minuto de obra.
Aunque su sueño sea uno de verdad, ha montado su particular "hotelito" en su propia casa. Eso le ilusiona cada lunes y le divierte. Al final va a ser verdad que los sueños son los que mueven el mundo. Al menos el mío.