martes, 31 de agosto de 2010

Berlín


Berlín entero es cultura, hasta los graffitis. Las fachadas de los edificios residenciales tienen una personalidad única. "Una Ciudad Escondida" reza uno de los portales, escrito en español, supongo que para darle un toque más bohemio.
Todo es muy urbano...underground. Las paredes de algunos de los locales de copas son de ladrillo visto, pero como si hubieran estado a la interperie durante décadas, expuestas a las inclemencias del tiempo.
la gente comenta que el invierno es duro, mucho frío. Pero la verdad es que ahora en agosto, esto es gloria.
Todos los días hay reuniones (por no decir fiestas), a las que se invita a la gente vía mails o sms, digamos que es una organización improvisada.
Escribo estas líneas desde una de ellas, sentado en la acera de un puente (brucke), se oye música house de fondo, y todo está lleno de botellines de cerveza. Justo enfrente mía, a apenas dos metros, dos chicas inventan un desvío de carril bici con una cinta aislante para que la gente no tenga que parar de bailar y saltar.
Los berlineses, o mejor dicho los habitantes de Berlín, visten que da gusto, y no me refiero porque vistan prendas caras o elegantes, casi todo lo contrario, son únicos, con un toque bastante retro todo. Aquí no se fuma paquetes de tabaco, sino tabaco de liar "Pueblo". Es tan normal que la gente beba cerveza por la calle que no sorprende ver a ejecutivos con un botellín en la mano, para luego dejarlo en un lado de la acera o encima de cuadro eléctrico o buzón, esto no es suciedad ni falta de civismo, todo lo contrario: hay una serie de personas (que rozan la mendicidad) que se dedican a recoger botellines de cerveza por apenas 8 céntimos la unidad, por tanto así le evita tener que meter la mano en el cubo de basura.
La edad media no supera los treinta años, es una ciudad joven, todavía no nos hemos puesto de acuerdo si se van a quedar o son gente de paso.
En resumen, Berlín es arte, y tengo que decir que nunca había oído una música tan exquisita como aquí, el mejor funky, jazz y por supuesto sin ser un gran admirador, he vibrado con la música electrónica de esta ciudad.
Me ha enganchado. Aunque se recomienda "no volver a allí donde fuiste feliz" estoy dispuesto a comprobarlo por mí mismo. Berlín es distinto.

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