miércoles, 11 de agosto de 2010

La Tarde Interminable


Esta tarde no tuve que ir a la oficina, y eso es bueno, muy bueno. Así que almorcé tarde y me tome la tarde muy relajadamente, bajándome discos y pasándolos al ipod; dormitando en el sofá con un ventilador orientado hacia mi cara sonriente; poco a poco con el paso de la tarde me fui convirtiendo en un despojo humano, estaba sudando, la barba la tenía tan larga q me picaba, no dejaba de picar de la nevera (a veces sin hambre), y navegaba a la deriva en internet, sin ninguna derrota, estar por estar.
"Parece mentira" pensé, "para una tarde libre que me dan, y la desaprovecho de esta manera", mire el reloj, q marcaban las ocho menos diez, asi que todavia estaba a tiempo de recuperarme. Me duché y afeité, cogi mi fresco ipod con mis amados auriculares y me fui a la calle. Paseaba pero con una ruta marcada. Fui a una gran tienda de telas (que se queda cerca de ser un almacén) y busqué "la tela" para el cortinero de mi cuarto, será la encargada de ponerle el apellido a la decoración. Ahí estaba yo, quieto con las manos en los bolsillos, esbozando una sonrisa de satisfacción, la encontré. Estaba en la sección de telas para trajes de flamenca, me gustaba la idea. Tiene un rollo muy setentero con circulos tangentes negros y rojos sobre un fondo blanco...magnífica.
Ok, vamos a la segunda parada, apenas estaba a unos metros, "La Casa del Libro", pregunté por el libro que un rato más tarde me haría reir (pero eso viene luego). "¿Perdone, El Método, de Strauss por favor?", "planta primera sección de psicología, están ordenados alfabéticamente por el nombre del autor" contesto la empleada forzando una sonrisa de última hora de la tarde.
Ya tenía mis adquisiciones, podía sentir que he aprovechado la tarde. Arcade Fire me iluminaba el camino hacia el Paseo Marítimo, ya eran las nueve y veinte, pero como todavía había luz natural decidí sentarme en un banco mirando al mar y leer mi nuevo libro, ya le tenía ganas.
Me senté, empecé a leer y en la primera página ya me estaba riendo (¡gracias María!). En plena transición de luz natural a luz de farola, se acerco una niña con una toalla a los hombros se sento a mi lando mirándome, le sonreí y me devolvió el agradecido gesto. Leí veinte minutos más con luz de farola (amarilla); cuando me levanté había a mi lado dos señoras charloteando mientras tomaban mate.
De vuelta vi a una pareja de lesbianas paseando de la mano, me parecio bonito. Claramente una era muy femenina y atractiva, y otra altamente masculina. Recordé una conversación que tuve el día anterior al respecto Me sonreí a mi mismo mientras ladeaba la cabeza pensando "anda que al final ha dado de sí la tarde".

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