lunes, 17 de enero de 2011

Lonesome


¿Será el qué ahora conozco a gente nueva todos lo días lo que me hace sentir solitario? No creo que sea esa la causa, tal vez sea la... llamémosle la "libertad" de hacer lo que quiera en cualquier momento sin tener que contar con nadie; o que me puedo relacionar con el que quiera a través de facebook o cualquier otra red social sin necesidad de abrir la puerta de mi cuarto y hablar con alguien,... puede que sea un poco de todo.

Quizás sea como decía un amigo mío en una divertida poesía que escribió, "Soledad soledad inexitente, tú que invades las tristes mentes...".

Mientras lo decido, procuro disfrutar cada minuto de esta soledad que a veces, agradezco que me haya caido.

sábado, 15 de enero de 2011

Gabriel y sus huéspedes


Ya llevaba un rato sentado.
Le gustaba respirar esa paz de las mañanas de domingo. Además de que el sol lo hacía todo más apacible, esa mañana había una suave brisa en la que se podía respirar la sal traída desde el mar. Sólo en aquel paseo, se encontraba con las manos apoyadas en su bastón, sentado en su banco preferido; “éste es el primer banco que ve el sol” comentaba siempre tras los primeros minutos hablando con cualquier “húesped”.
Como si de algo fortuito se tratase se sentaba en un lado del banco, pero él lo que hacía así era invitar a sentarse a cualquier transeúnte que pase por ahí. Con las que más hablaba eran las madres que dejaban a los niños jugar en los jardines de enfrente con una libertad vigilada.
Él ya le tenía echado el ojo a ese banco hace años, pero antes sólo lo frecuentaba de vez en cuando, siempre que el trabajo le dejase.
Ahora y desde hace 17 años, sus mañanas son eternas.
Aquella mañana el que aceptó esa “invitación” fue un joven de unos 27 años. Lo cierto es que a Gabriel le impactó el olor de aquel chico, una mezcla de alcohol y tabaco sumado a un cierto toque de “garito sin ventilación”. Le dio una oportunidad porque el chico parecía sereno, y se la dio con un “qué agusto se está al solecito con esta brisa” soltando la frase al viento. El chico lo capta y responde con una leve sonrisa“sí señor”, “la verdad es que se está agusto en este banco”. Gabriel no lo pudo evitar y contesta su frase “éste es el primer banco que ve el sol”. El chico que tenía la cara expuesta al sol con los ojos cerrados, gira la cabeza y le mira con una bondadosa sonrisa, Gabriel le mira de reojo y se medio ríe, pareciendo más una floja tos que una risa.
“Yo vengo del centro y la verdad es que después de andar casi treinta minutos, se agradece ésto: sol, vientecito...y silencio”.
El viejo vuelve a enseñar su perezosa risa. - ...silencio..., a veces me traigo una radio, pero se me caen los auriculares del oído... no piensan en los viejos; nosotros tenemos las orejas grandes y agradecemos la compañía que da la radio. ¡Pero hacen muy pequeños esos cosos!. Y eso ellos no lo saben.- Replica serenamente, haciendo un gesto de desprecio con la mano.
Es cierto lo de las orejas entonces. Dicen que junto a la nariz, es lo único del cuerpo humano que no para de crecer con la edad.
Gabriel, se queda pensativo, analizando lo que acaba de decir ese invitado.
-Pues menos mal.-
Esa respuesta provocó unas pequeñas risas, y las risas provocaron unos minutos de silencio.
El chico giró su muñeca que estaba apoyada en el respaldo del banco.- me parece que le voy a dejar el silencio a usted solo señor. Son las 8:30 de la mañana y todavía no me he acostado.- Confiesa mientras se levanta apoyándose en las rodillas.
¡Muy bien hijo!. Qué descanses.- Responde cortésmente.
Ya llevaba unos pasos dados cuando se despide definitivamente volviendo la vista y levantando la mano.- Igual nos vemos aquí la semana que viene.-
- Aquí estaré...aquí estaré.

martes, 4 de enero de 2011

Los Tres Momentos de Paz


Entre ayer y hoy he tenido tres momentos de paz, no tienen mucho que ver entre ellos, tan sólo la paz interior que me transmitieron.

El último de ellos ha sido hace apenas unos minutos, el segundo hace un par de horas, y en cambio el primero fue ayer noche. En todos ellos jugó un papel importante el sonido, la música, los ruidos... en definitiva el sentido del oído. Pero en uno o en otro también hizo falta tirar del sentido de la vista o el tacto.

Como os decía el último fue hace un momento, llegué de casa de mi hermana de estar con mis sobrinos, derrotado en fuerzas, lo único que quería era tumbarme en la cama, poner la luz tenue y no pensar en nada. Más o menos eso fue lo que hice, me puse cómodo en mi cama, me tape con una manta que "pasaba por ahí cerca" y me relajé, pero quería algún estímulo externo, algo artificial... no sé, ¿una peli?..."¡Óceanos!"...sí si! no puedo evitar emocionarme a la mínima (aunque lo que se pretenda sea todo lo contrario). Bueno, pues ya está (...PLAY). No sé si habéis visto esa película pero la palabra que mejor la define es relajante, momentos oceánicos capaturados por una oportuna cámara, no se ha calculado todavía la suerte del que lo grababa, porque la verdad, es que parecen momentos únicos, como si los peces y resto de animales fueran actores y hubieran ensayado mil veces las escenas. Lentas persecuciones a ballenas, tortugas y peces por debajo del mar, auténticamente somnoliente. Pero a todo esto, le añaden el sonido del mar. Pues eso, prueba superada: las imágenes me relajaron y lo hicieron potencialmente a través de la VISTA.

Mi segundo momento de relax, fue sobre todo gratificante. ¿Os imágináis el día más estresante de vuestras vidas? Bien, pues yo he tenido uno de esos días tan envidiables. Todo el día haciendo recados (feliz Navidad... ¬¬) entrando en centros comerciales repletos donde la gente de lo lento que anda le falta andar marcha atrás, de calles que da miedo ponerte de puntillas para ver hasta donde llega la gente, tráfico por doquier... pues por suerte, llego ese día a su fin a eso de las 8 de la tarde.

Igual que antes no quería otra cosa que tumbarme y VER algo relajante, esta vez os adelantaré que fue a través del TACTO. Llegué y tenía la casa para mí solo, todo un triunfo en estos días. ¿Lo hago o no lo hago? ¡Venga sí! Bueno no, paso, estoy demasiado cansado para cualquier cosa. Tras escribir en mi cabeza una lista de porqué sí a un lado, y porqué no al otro me convenzo a mi mismo: llené la bañera de agua caliente, me puse una selecta lista de música (Seu Jorge, Zee Avi, Melody Gardot, Norah Jones...) y me zambullí. La música sólo estaba para que sonase muy de fondo. El agua caliente, la espuma, la cabeza apollada en la curvatura de la bañera, todo era...¡justo lo que quería! Y me relajé intensamente, el sonido de guitarras acústicas y dulces voces me relajaban a través del oído pero el que sacó el sobresaliente fue el TACTO a través del calor del agua, su vapor y jabón.

Pero ayer fue bastante distinto. No estaba sólo. No penséis mal, o mejor dicho no penséis bien, porque entre otras cosas el TACTO ya lo hemos pasado. Ayer fue una bonita noche. muy agradable y que seguramente la recuerde bastante tiempo. A eso de las 11:45pm fui con uno de mis amigos del alma (Carlos) a un espigón de la Bahía de Cádiz. Lo llevabamos todo, aunque tuvimos que dar varias vueltas por la ciudad para recaudar todos los enseres. Ahí estaban nuestras siluetas en la punta del paseo que se metía en el mar, de pie, como unos "caballeros" en el campo de una batalla a punto de empezar. Nuestros escudos era su guitarra, y nuestras espadas...cañas de pescar. Recibimos la señal desde el mar, un remolcador que se acerca a recogernos nos hace ráfagas con el foco, reímos y hacemos ruidos absurdos típico de amigos que se encuentran. Saltamos al barco, y nos llevan al que será el pilar central (todavía en obras) del segundo puente de Cádiz. Llevábamos todo, desde unos calamares crudos que nos había regalado un bar minutos antes para utilizarlo de "carná" (carnada), queso, lomo, pan, cerveza, guitarra española... la verdad es que prometía ya desde el principio.

Horas más tarde empezó mi primer Momento de Paz de la saga, en mitad (literalmente) de la Bahía, sin viento (importante factor por estos lares), conversando bajito con mis amigos; no era necesario hablar más alto, porque el silencio era absoluto, solo roto de vez en cuando por el graznido de alguna gaviota, o por el crujido de las maderas del barco, todo esto con un fondo de escena propio de un Reality Show nocturno: las luces de los edificios de una ciudad dormida, con la diferencia de que no había ni siquiera un alma para aplaudir nuestros chistes, además ahí en medio del mar, todos erámos los presentadores y los entrevistados.