domingo, 18 de diciembre de 2011

Justo lo que necesitaba oir (o pensar)


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Estuvieron más de 5 horas hablando, solo paraban para reir, dar un trago a las cervezas o una calada a los cigarros. Después de tantos años sin apenas saber uno del otro, repasaron todos los temas: trabajos, mujeres, viajes, borracheras, nuevos amigos, finales de fútbol, etc, etc.; ahora descansaban soltando frases sueltas de vez en cuando que no necesitaban respuestas como "qué recuerdos todo esto"...

Después de todo esto echaron hacia atrás los cuerpos y usaron por primera vez en toda la noche los respaldos de las butacas, cuando a Leonardo se le ocurrió preguntar "¿eres feliz?". Salvador sopló suavemente con la nariz como riendo, y estuvo callado durante medio minuto...

- ...la pregunta. Sí o no supongo que debe de ser la respuesta.
- Bueno, yo la entiendo así.
- Si te digo que no lo sé, es igual que un no?
- Para mí sí, aunque puede ser que todavía no hayas entendido que hasta la persona más feliz del mundo es infeliz al menos un par de veces en la vida.

Leonardo, le coge el cigarro que le tiende su amigo y le da una profunda calada, llevándole tiempo terminar de sacar el humo por la nariz.

- Creo que ahora valoro lo que tengo, aunque sea menos que antes, y lo valoro muy positivamente. Como "la felicidad está en la antesala de la felicidad"... sí, soy feliz porque ya no recuerdo porqué estaba esperando.

Leonardo inclina la cabeza para hacerle una suave reverencia con la cabeza, le sonríe y con los dedos de las manos simula ser un director de orquesta que termina de cerrar la mejor sinfonía jamás escuchada.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Todo me parecerá bonito


Era domingo lluvioso, y en una cafetería con un marcado toque parisino, las tazas de chocolate humeante cortaban las miradas. Ella tardó en quitarse el gorro, supongo que porque le quedaba bastante bien, pegaba mucho con el estilo de la cafetería.

- Cuéntame algo personal- le pide Sol con esa dulce mirada.
- Algo personal... ummm... no sé, así a bote pronto...
- Ains... cualquier cosa, a ver qué querías ser cuando eras pequeño.

Silvio, sonríe como si se hubiera anotado un punto en con la futura respuesta. Él no quería ser astronauta como todos los niños, ni jugador de fútbol.

- Yo de pequeño quería ser inventor- responde orgulloso y decidido.
- ¡jajajaja! ¡pero qué bueno Silvio! ¿en serio? ¿inventaste algo?
- Bueno... la verdad es que era muy pequeño, pero mis juguetes preferidos eran las cajas de cartón, unas tijeras y un rollo de cuerda. Me divertía preparando escenarios para los muñecos que luego no usaría.

- ¡jajajaja!- Sol se muestra entregada a la curiosidad de Sivio.- ¿entonces no inventaste nada? ¿ni siquiera empezaste algo?

Silvio la mira de un modo seductor y con una sonrisa le responde "Bueno, empecé a inventar mi propia personalidad".

- Pues me parece el invento más bonito que he conocido, más que la propia música.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Yo no juego


Jorge Salado no para de reir, apenas para un segundo entre carcajada y carcajada para limpiarse con la manga de la chaqueta las lágrimas. Enfrente su entrevistador no da crédito a lo que está presenciando. Las paredes de la sala de reuniones, preparadas para el aislamiento acústico no pueden evitar callar la risotada, traspasándolas al exterior con un toque de subwoofer.

- Perdone, pero no entiendo que le causa tanta risa...

Ya jadeando del cansancio de la risa, Jorge se afloja el nudo de la corbata, respira hondo, se seca las lágrimas mira durante un instante a los ojos de su interlocutor, se pone de pie y antes de salir por la puerta volviéndose a anudar la corbata, responde: no gracias.