domingo, 18 de diciembre de 2011

Justo lo que necesitaba oir (o pensar)


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Estuvieron más de 5 horas hablando, solo paraban para reir, dar un trago a las cervezas o una calada a los cigarros. Después de tantos años sin apenas saber uno del otro, repasaron todos los temas: trabajos, mujeres, viajes, borracheras, nuevos amigos, finales de fútbol, etc, etc.; ahora descansaban soltando frases sueltas de vez en cuando que no necesitaban respuestas como "qué recuerdos todo esto"...

Después de todo esto echaron hacia atrás los cuerpos y usaron por primera vez en toda la noche los respaldos de las butacas, cuando a Leonardo se le ocurrió preguntar "¿eres feliz?". Salvador sopló suavemente con la nariz como riendo, y estuvo callado durante medio minuto...

- ...la pregunta. Sí o no supongo que debe de ser la respuesta.
- Bueno, yo la entiendo así.
- Si te digo que no lo sé, es igual que un no?
- Para mí sí, aunque puede ser que todavía no hayas entendido que hasta la persona más feliz del mundo es infeliz al menos un par de veces en la vida.

Leonardo, le coge el cigarro que le tiende su amigo y le da una profunda calada, llevándole tiempo terminar de sacar el humo por la nariz.

- Creo que ahora valoro lo que tengo, aunque sea menos que antes, y lo valoro muy positivamente. Como "la felicidad está en la antesala de la felicidad"... sí, soy feliz porque ya no recuerdo porqué estaba esperando.

Leonardo inclina la cabeza para hacerle una suave reverencia con la cabeza, le sonríe y con los dedos de las manos simula ser un director de orquesta que termina de cerrar la mejor sinfonía jamás escuchada.

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