jueves, 19 de enero de 2012

De todo se aprende


Tengo un cuchillo y es de plástico, dónde solía haber metal...

Y de repente lo veo todo como si fuera una película. Digamos que están echando mi vida por mis televisivos ojos.
Después de haber salido tarde del trabajo, y de charlar con una compañera justo donde se separan nuestros caminos, de mi deprimido estado de ánimo en el trabajo, después, después de todo eso, llego a mi silenciosa casa, recojo la ropa tendida, y una vez más, me siento, con cero ganas, a buscar ofertas de empleo, aplico a un par de ellas... y la verdad es que apenas las he leido.

Entonces es cuando mi visión se separa de mi cuerpo y se va hacia arriba, y me veo desde arriba con un estado meláncolico mientras el jodido orden aleatorio de itunes escoge la canción que más me puede recordar a mi ex. Justo esa canción que me teletransporta a una casa soleada y fresca de Málaga, dónde por la ventana entraba el olor del salitre del mar, dónde la casa en sí estaba perfectamente amueblada, decorada y ordenada. Dónde siempre había una botella de vino descorchada en la cocina y algo para picar.

Y ahora, ahora es cuando me veo, más viejo, más sabio, más cauto, más tolerante... hasta más risueño, pero más pobre. Es cierto eso de que de todo se aprende. Yo doy fé, sabiendo que cuando se acabe esta estapa tendré en mí, todo lo necesario para ser mucho más sabio, mucho más cauto, mucho más tolerante... y mucho más feliz si cabe; porque la edad viene y pasa sola.