viernes, 31 de mayo de 2013

Mi Acto Psicomágico

Esta es una carta que a diferencia del resto, no tengo muy claro a quien va dirigido. Incluso, puedo ser que hasta yo sea el destinatario; y va a tratar de las dudas, la pena y la frustración, pero también hablará de ilusión, esperanza y ESFUERZO (sí con mayúsculas). Ya sé, va dirigida a la vida en general:

Vamos a cambiar, o mejor dicho vas a cambiar ahora mismo de actuar como lo estabas haciendo últimamente. Hasta aquí hemos llegado. ¿Cómo? que ¿por qué? Porque me lo merezco, porque he trabajado duro y ya son horas de que dejes de joderme. Todo bueno cuanto me das, parece que lo haces para luego quitármelo. Y sobre todo porque aquí, decido yo. Me refiero a que ya hemos llegado con esta actitud, con la tuya. Te ordeno, gastando mi frasco entero de karma, positivismo, buen rollo y buena onda (como dicen en este lado del planeta), que ceses en este empeño de joderme. Sí sí, para ya.

Te voy a decir lo que vamos a hacer ahora. Me voy a desprender de todo la negatividad y malos pensamientos que por tú culpa tengo en mi cabeza. Fuiste tú el que poco a poco, mediante tropiezos me has ido metiendo en la cabeza. Como digo, me voy a desprender de todo eso y te lo vas a comer con patatas. Así es, tú te vas a comer tu puta ración de mierda, además lo vas a hacer con palillos de madera. Para que te cueste más. Y yo estaré, enfrente riéndome de la cara que pones al tener que tragarte todo lo negro y oscuro con lo que has ido anulando mi sonrisa, mis ojos vidriosos y mis tonterías que de vez en cuando solía decir o hacer.

No hemos terminado, a partir de este momento, voy a hacer lo que me de la gana, y lo mejor de todo, va a ser todo como yo digo. Hace un tiempo tenía una flor en el culo y quiero que vuelva al mismo lugar. Y no me refiero a limosnas como ir al Museo Nacional un día cualquiera y resulta que es el único de la semana que es gratuito.

Como recordaba Jose Luis Sampedro, “en mi hambre mando yo”. No quiero tus limosnas. Ahora soy yo el que tiene el poder, el mando, el timón del buen rollo y de las grandes momentos que me esperan, todos van a salir a pedir de boca, y me refiero a pedir de mi boca, y no de la tuya ya llena de caca.

Lo primero que vas a hacer es que me salga trabajo, pero no un trabajo cualquiera, sino uno que me merezca y que esté a mi altura, que me guste y que por supuesto esté bien remunerado. Vuelvo a lo mismo, que esté a mi altura, payaso. Quiero dejar claro, que puedo esperar, porque la espera no será amarga como hasta ahora. Todo lo contrario. Grabarás a fuego en mi cerebro que tengo que aprovechar ahora el infinito tiempo libre que después, con el trabajo que tú me vas a dar, no tendré. Así que se acabó la mierda de esa de quedarme en casa por las tardes, por si me envían un correo alguien de recursos humanos. Se espera a que termine de hacer todo lo que se me ocurra en la calle.

Si es necesario, méteme en la cabeza un puto chip que haga que sonría cuando mis comisuras comienzan a descender o lo que se te ocurra. Pero no me cansaré de repetir, ¡que basta ya! Estoy harto de la puta crisis, del desempleo y de ver penas en el periódico, en internet y en la tele. De que la gente hable de ello a cada momento. Creo que venirme al otro lado del planeta será suficiente para que eso no ocurra. Recuerda: buena onda.

Antes, cuando me encontraba sólo de viaje en un país, hablaba con las piedras, o mejor dicho, me hablaban hasta las piedras. No me conformo con que no haya desaparecido, es que quiero eso por diez. Ahora es cuando lo necesito, y si antes lo tenía, ahora quiero más y más. Sigue comiendo.

Mira chaval, dentro de una hora he quedado en casa de unos amigos para tomar unas copas y charlar de lo humano y lo divino. Vas a empezar por ahí, vas a hacer que no me sienta que estoy de más, estaré siempre inmerso en la conversación y no pararemos de reir a carcajadas.

Espero que cuando me levante de esta silla, tenga molestias al caminar y sea por la flor que ya me has puesto en el culo.

Hasta luego pringao. O mejor dicho, hasta nunca.