domingo, 16 de junio de 2013

Tu Única Decisión Importante

No hagas planes. Podrás sentirte tranquilo porque en la vida las decisiones importantes no las tendrás que tomar tú. Será la vida quien las tome por ti, o el destino, como quieras llamarlo. Si esto te frustra, confórmate con tus circunstancias, es decir, con tu casa, su decoración, el modelo de coche entre los pocos que están en tu presupuesto, o tu viaje de vacaciones. Pero prácticamente el resto, vendrá sólo. Como si se tratase de un señor de chaqueta y corbata que llama al timbre de tu puerta un día cualquiera mientras haces la cena, y después de presentarse te explicará lo que ocurrirá y lo que tendrás que hacer. Apenas tendrás tiempo para meditarlo, para hacerte la idea. La decisión ya está tomada.

Como te digo, esto ocurrirá con los cambios más importantes de tu vida. En ti está que sepas manejarlos, que te adaptes de la mejor manera posible y que lo lleves con naturalidad. En ese caso dirán de ti que eres un tipo fuerte que aguantas lo que se te eche. Un machote.

Pero esto no acaba aquí. Hay un importante matiz, y es que esto ocurre siempre con el presente y el futuro a corto plazo. Lo divertida está en que el futuro a largo plazo, lo podrás manejar. Es la regla encargada de que te creas el dueño y señor de tu vida. Y en cierto modo es así, pero sólo será un privilegio de unos pocos. Imagínate que tienes que llevar el mando de un Boeing 787. esa dificultad será liviana si tienes decisión, convicción y no te temblará el pulso a la hora de cambiar de rumbo. Pero sólo podrás variarlo unos grados, de lo contrario se irá tu vida a la mierda. Recuerda que eres un pringao al mando de un avión de serias dimensiones.

Dicho esto, tienes dos opciones. Sentarte en el sofá, ponerte cómodo y hacer zapping mientras se van presentando en tu puerta cada cierto tiempo señores de chaqueta y corbata explicándote como actuarás ante los acontecimientos que se avecinan o por otro lado, podrás analizar la situación, preguntarte a donde vas y a donde quieres ir, y si te lo crees, serás capaz de empezar a variar ese rumbo de tu Boeing 787. Ésta será la única decisión importante que podrás hacer.

sábado, 15 de junio de 2013

Podría pasar un día cualquiera

Nunca fue su problema. De hecho, sentía tanta frialdad sobre el asunto que hacía de él su trabajo, sin ninguna vocación. Prácticamente como una distracción y un sustento económico.

Tampoco mentiría si dijese que era su vida, sí, lo era. Pero no tanto como la de aquellas familias que tenían que levantarse y acostarse todos los días con esa enfermedad.

Era un día cualquiera, un 23 de noviembre de 2013 cuando casi de forma fortuita y aleatoria, en un control rutinario apareció la fórmula protéica que explicaba la conexión de los sistemas neuronales y que significaría mejorar la calidad de vida a niveles exponenciales de millones de personas. La solución. En ese momento, ya después de que llevase su corazón latiendo durante dos minutos mientras terminaba de verificar los datos, se quitó las gafas y más que nunca dejo la vista en el infinito mientras meditaba nerviosamente en lo que eso significaría. Se le erizaron los pelos cuando fue consciente que era él único en ese mismo momento que conocía la solución. Tuvieron que pasar horas para que se le pasase por la cabeza lo que le reportaría a nivel económico y de prestigio a su persona. Pero sí se paró a pensar enseguida en todos esos enfermos y familiares. Concretamente en esa señora que le visitó hace apenas diez días, que seguía cuidando de su hijo de 43 años y al que le respondía con una voz neutra y tranquila que a mamá no se le pega, mientras retiraba sus manos de su cuello. Irremediablemente perdió el control de sus sentimientos, y comenzó a llorar desconsoladamente pensando en esta mujer y en la de muchos otros enfermos y familiares. También se acordó de Matilde, una mujer de su misma edad que había conseguido adaptarse a la sociedad (y gracias a su tío marino) recogiendo las bandejas de comida en la cafetería de la Escuela de Ingenieros Navales. Se tuvo que llevar la bata a la cara para secarse las mejillas, al no parar de llorar como si acabase de ver lo más trágico, como por ejemplo, si presenciase el atropello de su compañero de verdad, su perro Robin. Pero no. Era todo lo contrario, en este mundo cada vez más decadente y carente de ética (como se acababa de sentir él hasta hace unos minutos) acababa de aclararse el cielo entrando un rayo de sol sobre esa sala, un poco de luz en forma de felicidad. Esta vez, como si de una enfermedad infectocontagiosa, él iba a transmitir esa alegría por todo el planeta.

Juan Roi, psiquiatra de 39 años, que nunca tuvo que sufrir ese mal, acababa de descubrir la cura al autismo.