domingo, 8 de mayo de 2011

¿Eres feliz?


Afrontamos los días de entresemana como un mero trámito, esto es: ganar dinero para poder gastarlo el fin de semana y los días libres. Las circunstancias de la vida te educan y te hacen para moldearte, para hacer tu "forma de ser".
Hasta hace unos meses nunca tuve problemas a la hora de gastar, hasta cierto punto por supuesto, puedo decir que todos mis caprichos se veían cubiertos con mi presupuesto mensual. Como digo, esto ha cambiado, y con ello otras circunstancias de las que digo que educan.
Me encuentro en Madrid centro, viviendo en una de las partes más antiguas y auténticas de la capital. Ya no gano como antes, y por ello, ya no me da para mis caprichos improvisados, como por ejemplo ir a un restaurante porque me apetece "ahora mismo". Sentí la necesidad de buscar otros entretenimientos más baratos y si pueden ser gratuitos, mucho mejor. He aprendido a disfrutar cada mililitro de una cerveza de lata que me bebo en una plaza con los cerrados y orientados al Sol; he aprendido a saborear cada segundo asomado a mi balcón latinero observando a la gente.
Ayer por ejemplo (sábado), monté un improvisado escenario de relax que aprecié como un 5.0 para un estudiante.Llegué de cenar en casa de Fernando con Víctor y Rodri (curiosamente, ni Fernando ni Susana estaban en la casa), me duché a eso de la 01:00am y aún con el pelo mojado, me asomé al balcón de mi cuarto mientras escuchaba "Soñar Contigo" de Zenet. Tomo nota de cada ángulo de visión que tengo, observo con bastante indiferencia un amago de pelea en el bar de abajo; he aprendido hasta sentir y disfrutar de la brisa entre los dedos de mis pies descalzos.
Hace como 20 minutos llegúe de dar un paseo por el vecino barrio de Lavapiés (que por cierto, se está llevando demasiado protagonismo en las últimas entradas... no es para menos). Después del fortuito encuentro con Leo y su familia de Rwanda, me adentro en el barrio, sorteando bocacalles gracias a un rumbo perdido que me proporcionó una película sin final: me pregunto si esa pareja de ancianos que cena en el "escaparate" del bar de barrio lleva haciéndolo todos los domingos desde hace años o simplemente surgio el apasionante plan, freno mi paso para leer un cartel pegado en una pared de azulejos azules y escucho al otro lado de los auriculares una conversación y risas, la protagonizan unas vecinas ancianas y un vagabundo, también anciano y con bastante vino ingerido, y me pregunto: "¿será feliz?".

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